Día nacional de la Biodiversidad

Por: Wilson Jaimes Castaño

Pasado el mediodía del viernes anterior, caí en cuenta que era el aniversario del ataque a las Torres Gemelas y no pude ocultar mi asombro al ver la pérdida del ranking en medios de su conmemoración.  Y es que el 2020 ha estado cargado de mucha información (demasiada, mejor), logrando que este 11 de septiembre tuviese otros focos de atención.

Pero había dos acontecimientos que sí recordé con el primer café ese día.

Uno era el cumpleaños de una amiga que lo celebraba medido en quinceañeros, lo cual atraía a una vasta audiencia que le festejaban virtualmente con videos bailando champeta a solicitud de ella. El otro era mucho menos viral, se trata del Día Nacional de la Biodiversidad que se conmemora en esa fecha recordando la muerte de José Celestino Mutis y Bosio, El Sabio. Ese de quien nos enseñaban en el colegio (cuando las clases eran presenciales) que desembarcó por Cartagena proveniente de España con un cargo de médico y quedó absorto con las riquezas naturales de estas tierras, ahondando como nadie en el conocimiento de nuestra flora y fauna.

Como cualquier emprendedor en cuarentena, Mutis debió insistir mucho para lograr financiar su más grande empresa: la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada.

Su afán por realizar esta tarea estaba sustentado en todo el trabajo investigativo previo que había realizado, especialmente sobre el uso medicinal de muchas plantas.

Así logró la mayor inversión dada por la Corona Española para una expedición botánica en América y la lideró desde el inicio en 1783 hasta su muerte en 1808, logrando la herborización y clasificación de 20.000 especies vegetales y 7.000 animales en nuestro país. Además gracias a esta labor, muchos profesionales criollos que participaban en ella, entendieron que la riqueza de esta tierra era mucho mayor a la que había sido tomada por los españoles hasta entonces.

Mutis marcó el inició del estudio y registro de nuestra flora, fauna y gea, pero lo más importante es que fue el primer hombre de ciencia  en valorarla como fuente de conocimiento y bienestar. Por eso no podía ser más acertado homenajearlo a él en el día de la biodiversidad de Colombia, el segundo país más biodiverso del mundo y uno de los doce “países megadiversos” del planeta, primer país en diversidad de aves y orquídeas; segundo país en diversidad de plantas, anfibios, peces de río y mariposas; tercer país en diversidad de reptiles y palmas; cuarto país en diversidad de mamíferos, con un estimado de 56.343 especies entre vertebrados, invertebrados, plantas, hongos y líquenes, de las cuales cuenta con un gran número de especies endémicas: 1.467 especies de orquídeas, 350 especies de mariposas, 79 especies de aves y 34 especies de mamíferos.

También recuerdo de mis clases, la trágica conclusión del descuido que tenemos con nuestra riqueza natural y como muchas especies abundantes en otrora hoy escasean o son solo recuerdo, ya sea por la tala y la caza indiscriminada, la contaminación del aire y de las fuentes de agua o el crecimiento de los asentamientos. Parece que a medida que aumentó el conocimiento de nuestra biodiversidad, se fue perdiendo la valoración y el respeto que Mutis cultivó.

Pero hoy ya nos toca ser más que reflexivos, porque los efectos de la acción del hombre sobre los ecosistemas son notorios a nivel global y más cuando atravesamos una pandemia que ha destacado la importancia de la interferencia humana con la biodiversidad creando las condiciones para que los patógenos salten de los animales a los humanos, así como el vínculo entre la contaminación del aire y la mortalidad por el nuevo coronavirus. La deforestación, la degradación de la minería, la fragmentación del hábitat, la intensificación de la agricultura, el comercio de vida silvestre y el cambio climático han ayudado al desarrollo de enfermedades zoonóticas, incluida la Covid-19.

La biodiversidad que Mutis estudió ha perdido su resiliencia y para recuperar el equilibrio se necesita trabajar en una mejor calidad del aire, una mejor calidad del agua y una gestión eficaz de los desechos, y lo necesitamos hacer urgentemente porque esta pandemia está indisolublemente relacionada con problemas ambientales globales, tanto en términos de su origen como de sus implicaciones para el futuro de las sociedades en todo el mundo, y una mayor protección de la biodiversidad no solo reduce la vulnerabilidad de las comunidades a las enfermedades, sino que también mejora el bienestar de la sociedad en general.

Cuando llegó la noche del viernes, miré nuevamente en las redes la celebración del cumpleaños de mi amiga triquinceañera y se podía sentir un ambiente muy animado entre risas, bailes y los abrazos y besos que sólo se permiten entre el núcleo familiar (por lo del distanciamiento inteligente), también noté que la biodiversidad amenizaba la fiesta porque no pude distinguir si la cena era carnero, guartinaja o armadillo, pero se veía muy bueno. Espero que para su próximo quinceañero pueda acompañarla, aunque esta vez no fui de los que le envió video porque sus seguidores no están preparados para mis biodiversos movimientos de baile.

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